lunes, 1 de julio de 2013

HOMENAJE EN PLENTZIA

 Plentzia, placentero lugar, hasta esta Villa marinera fuimos este año a homenajear a nuestros náufragos, ("invisibles, nunca ausentes").
  La mar ha ido forjando este bello pueblo vizcaíno rodeado de laderas con suaves y verdes pendientes, que parecen entregarse al azul del Mar Cantábrico, el mismo mar que ha forjado el carácter de sus gentes y que nos rindieron los más grandes honores y nos abrieron puertas y corazones.
 No se sintieron solos, los náufragos estuvieron muy bien acompañados, presentes y rodeados de buena gente.
 Si, lloramos, porque cuando la emoción aflora es imposible contener las lágrimas pero nos confortamos unos con otros entre abrazos, cantos y sollozos.
 Y salimos a la mar, una mar que nos transmitió calma y sosiego y escuchó nuestros ruegos.
 Los ruegos de todos, vascos, madrileños, cántabros, gallegos...., el mar no tiene fronteras y aunque muchas veces distancia, siempre nos acerca.
 A él le entregamos las flores, él sabe donde las tiene que llevar....
....por un mar en calma, con un horizonte limpio, las vimos navegar.

Muchas gracias a todos los que contribuiste y os volcasteis para que todo saliera bien, autoridades civiles y religiosas, vecinos familiares y amigos.

martes, 28 de mayo de 2013

LA PACIENCIA DEL PESCADOR

"La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces".
Jean Jacques Rousseau.

sábado, 30 de marzo de 2013

EL PANTEÓN DEL INGLÉS

Paseando ochocientos kilómetros de costa bañados por el Mar Cantábrico, unas veces manso y otras cabreado, con viento o brisa, por un sendero que a veces se vuelve abismo vertiginoso y otras plano, llano y arenoso, en cualquiera de sus tramos que comunican y unen desde La Estaca de Bares en La Coruña, hasta Bayona en Los Pirineos Atlánticos en el País Vasco Francés, pasando por Lugo, Asturias, Cantábria,,Vizcaya y Guipuzcoa nos encontraremos con rías, pequeñas playas o kilométricos arenales, pedreros, islotes y ensenadas, puertos y pueblos de marineros y muchos rincones, para la mayoría desconocidos pero cargados de historia.
En uno de esos tramos de costa de 800 kilómetros, entre el Faro de Cabo Mayor en Santander y La Maruca, al borde de un acantilado, siempre batido por las olas, se encuentra y destaca en la distancia por su blancura "El Panteón del Inglés" una sencilla, enigmática y solitaria construcción alejada de zonas urbanas.
Este monumento funerario que no alberga restos humanos fue mandado construir por José Jackson Veyán, jefe de las instalaciones telegráficas del semáforo de Cueto desde 1877 a 1909 y famoso autor teatral de la época para honrar la trágica muerte de su amigo William Rowland y así lo cuenta el propio José Jackson Veyán:
 
 «Mi estimado amigo de la infancia, William Rowland, nieto del famoso profesor inglés Sir Robert Rowland Hill, coterráneo y gran amigo, éste, de mi abuelo paterno, era uno de mis más asiduos visitantes durante los meses de estío e incluso en el otoño. Lamentablemente, en septiembre de 1889, cuando Rowland y yo cabalgábamos tranquilamente cerca del acantilado, mientras el mar, con mayor furia que de costumbre rompía con estruendo sobre las rocas, el caballo que montaba mi amigo se asustó de tal forma que le derribó. A consecuencia de la fuerte caída sufrió un duro golpe en la cabeza, con rotura craneana, que le produjo la muerte instantánea. En tanto el caballo, por su propio peso, rodaba despeñándose contra las rocas. A petición de la familia, ocupándome de todo y en resistente caja mortuoria, el cadáver de Rowland fue trasladado prontamente a Inglaterra».
  José Jackson Veyán compaginó su oficio con la pluma literaria: poeta y autor teatral nació en Cádiz en 1852 y falleció en Madrid en 1935. Su padre, Eduardo Jackson Cortés, fue uno de los actores teatrales más conocidos en el Cádiz del siglo XIX.
Merece la pena este paseo por la belleza del lugar y al mismo tiempo recordar y evocar una historia no tan lejana, cuando la dedicación de personas como José Yacksón Veyán desde su semáforo y con los escasos medios de la época a su alcance ponía en comunicación y avisaba evitando múltiples tragedias, naufragios y desgracias personales.

"El primer establecimiento semafórico en España se instalo en Tarifa en 1873 y el 30 de septiembre 1874 se inaugura el semáforo de Santander, sito en Cueto un poco más allá del faro Mayor en el lugar que antiguamente ocupaba el castillo del Ano . según el diario El Globo de 28 de julio de 1878 el edificio en el que estaba colocado el aparato desde el cual se enviaban las señales reunía todas las comodidades posibles habiendo en él tres habitaciones par que pudiese vivir con comodidad el funcionario que estuviese a cargo de la transmisión de los despachos.



Estas señales se efectuaban mediante banderas, conos y esferas izadas utilizando para ellos el código Morse. En 1875 se pone en funcionamiento un telégrafo eléctrico que permite poner en contacto el semáforo con Santander, siendo que desde ese momento son miembros del cuerpo de telégrafos quien se hacen cargo del funcionamiento En 1876 llega a Santander procedente de Madrid, Jackson Veyán quien ya había estado destinado en la localidad de Santander hacia unos años; precisamente Santander fue su primer destino en 1871. En esta segunda ocasión llega Jackson no sólo a ocuparse del funcionamiento del Semáforo sino también para adiestrar en el manejo de los jóvenes que en 1877 acababan de ser destinados al Semáforo."

Matilde Camus en su obra “Historia del Lugar de Cueto” nos trascribe parte de un libro de notas de Jackson Veyán llamado “Breves apuntes”: “Quede gratamente impresionado ante el bellísimo paisaje que se tendía ante mis asombrados ojos. Todo eran verdes campiñas, y al fondo, un mar profundo que ya nunca olvidare…

Para más documentación pinchad en este enlace.

http://josejacksonveyan.blogspot.com.es/2009/05/jackson-veyan-y-cueto-santander-i-parte.html

domingo, 17 de marzo de 2013

AGUA VIAJERA

"Agua viajera del río
siempre con el mismo afán
de morir entre los brazos
estremecidos del mar:
¿No sabes que en esa tumba
no hay silencio ni paz,
que el mar es otro viajero
que no descansa jamás?"

Poesía de Jesús Cancio en su libro "Barlovento".