miércoles, 23 de julio de 2014

BUSCANDO RESPUESTAS

Han pasado cincuenta años y sigue buscando respuestas.
El camino ha sido muy largo, cientos de kilómetros hasta llegar a Fisterra.
 Lágrimas que  ruedan silenciosas difuminan el mar a través de los cristales.
De recuerdo se llevará unas flores arrancadas de entre las piedras, y en un aparte aún sollozando me dirá, que despues de cincuenta años; "hoy lo he vuelto a sentir más cerca".

martes, 15 de julio de 2014

LA VIEJA DE LA AGESTA

 Lloraba y llora en la Agesta,
y siempre mirando al mar;
la vieja llora, y más llora,
¿por quién estará a llorar?.
 ¿Llorará por su marido,
por su hijo, por su padre,
o llorará por su novio,
por un amigo, o un hermano?
Llorará por cualquiera de ellos,
que un día estando a pescar...
lo tragó una galerna
y nunca volvió a tornar.
Cualquier mujer de Muros
nunca para de llorar;
No hay en el puerto una familia
sin ahogado en la mar.
Hoy, en estatua viva,
la vieja sigue a llorar,
en la punta de la Agesta,
a solas, mirando al mar.

Con la letra de Marcelino García Lariño y musicada por Domingo J. Barreiros Lago y bajo su dirección, el Orfeón de Muros estrenó esta maravillosa obra el pasado domingo en el homenaje que la Asociación de Náufragos de la mar, junto a Xubimar hicieron en tan bella localidad costera a todos los desaparecidos y náufragos en la mar.

domingo, 4 de mayo de 2014

LOS ADIOSES

Desde que te fuiste de mi lado
es más grande la mar.
Cuánto recuerdo el paquebot magnífico,
el que, al desatracar,
al librar lentamente la machina
y enfilar la canal,
parecía un jirón que le arrancaban a la ciudad.
Y floreció su borda de pañuelos,
y el remanso de paz
se llenó del dolor de su sirena
en un adiós final,
 y se hundió en el azul, y, desde entonces,
es más grande la mar.

Del libro de poesías,"Barlovento" de Jesús Cancio.

sábado, 8 de marzo de 2014

LA TEMPESTAD Y LA CALMA

Yo vi del rojo sol la luz serena
Turbarse, y que en un punto desparece
Su alegre faz, y en torno se oscurece
El cielo con tiniebla de horror llena.

El Austro proceloso airado suena,
Crece su furia, y la tormenta crece,
Y en los hombros de Atlante se estremece
El alto Olimpo y con espanto truena;

Mas luego vi romperse el negro velo
Deshecho en agua, y a su luz primera
Restituirse alegre el claro día,

Y de nuevo esplendor ornado el cielo
Miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera
Igual mudanza a la fortuna mía?



Juan de Arguijo
(1567–1623)