sábado, 24 de abril de 2010

La Vieja del Paseo




Perpetuamente sentada frente al mar está la “Vieja del Paseo” en Muros. Espera por aquel hijo que partió embarcado un día de ya hace muchos años y nunca regresó.
Acurrucadita, cubierta con su negro chal y su toquilla perpetua, con su mirada siempre fija en la bocana del puerto, espera ser la primera en ver asomar la proa del buque donde navegaba alguno de sus hijos.
Nunca se cansa, jamás desfallece, estará allí sentada por siempre, y para siempre cara al mar, hasta ver como llega el que nunca ha de venir.
A sus pies reza la leyenda... “Imos quedando sos, o mar o barco e mais nós”. Pero no, no queda la sola, ¡
tiene toda una villa sus espaldas! Porque en cada hogar, en cada ventana, o bajo de alguno de los arcos que recorren el frente del pueblo, se encuentra una madre, una viuda, un hermano o un vecino, que siempre esperarán junto con la vieja, por quien zarpó un día para la mar y nunca regresó.

jueves, 1 de abril de 2010

La pequeña historia del señor Antón




El Señor Antón “da Laxiña” fue marinero durante casi toda su vida. En sus últimos años, ya jubilado, solía pasar las tardes, cuando hacía bueno, sentado en un banco de piedra que estaba pegado en la pared del cobertizo al lado de su casa. Banco al que él llamaba socarronamente “El Confesionario” y tenía su buenas razones para haberle puesto aquel sonoro nombre, pues todos cuantos vecinos de la aldea pasaban cerca de allí, paraban siempre unos instantes a charlar con el viejo y él se preocupaba por las pequeñas o grandes cuitas que afligían a sus convecinos.

- ¿Que tal te va la “Xovenca” Luis?
- Va vieja Antón, cada vez da menos leche, no sé que voy hacer con ella.
- No te preocupes hombre, la vaca la pones en el carro, que si no sirve para dar leche...para ir a los prados a por hierba aún bien vale. Y a la leche échale agua, que los “pescos” de la villa no entienden y les sabrá igual a gloria bendita.
- Pues mirado así, sí que tiene usted razón. Buenos días señor Antón.
-
Buenos días lleves, Luisiño.


Siempre tenía remedio para todo, tanto fuese para la vaca del Luis, como para las manos de la Aurora, que se quejaba de que cuanto le dolían de tanto azadón y tanta hoz.

-“Auroriña”, mi alhaja. Si quieres no padecer mas de tus manos tienes que mearle en ellas todas las mañanas hasta que se te curtan, que tienes las manos tan finas que asemejas una señorita de esas de ciudad que no tienen callos en las manos pero sí en otro sitio mas abajo. Nosotros allá en Terranova lo hacíamos a diario y mira aun que manos tengo.
- ¡Ay Antón! Que cosas dices hombre, eso es una porquería.
- ¡Hazme caso oh! Que sabe más el Demonio por viejo que por Diablo.


¡
Porquería, sí que era!, pero Aurora a la mañana siguiente, en el cobertizo , hizo lo que le había dicho el viejo, ¡y bien que le fue!
Yo cada vez que iba a la aldea, como me quedaba de paso para casa de mi suegra, también pasaba por el “Confesionario”.

-¡Ay! “Leliño noso” Cada vez vienes menos por la aldea, me decía siempre como primer saludo.
- Ya bien sabe usted que no puedo señor Antón, que la mar me deja poco tiempo para todo.
-¡Bah! Los “pescos” siempre fuisteis un poco chiflados y muy holgazanes. Te quejas de que no te deja tiempo libre la mar y si hay una simple vela de viento, os quedáis en tierra amarrados por los cuernos. Si hubieses tenido que andar al bacalao como anduve yo por más de cuarenta y cinco años, ibas saber tú lo que es tener falta de tiempo… Yo venía a casa durante todos esos años solo con el tiempo justo de dejar preñada a Loliña y marchar de nuevo.

Cuando se cansaba de meterse conmigo, comenzaba a contarme sus historias de la mar.

-¡Yo tenía que haber muerto en la mar, Leliño! Después de tantos temporales vividos y tantos golpes de mar que he llevado, nunca pensé morirme de viejo y menos en la cama.
Una vez, -me seguía contando – estando a la altura de la Islas Azores, cuando íbamos de Vigo para pescar en los grandes bancos de Terranova, nos cogió un tremendo temporal de oeste...¡Estuvimos treinta y dos días a la capa!, de tal manera, que en vez de ir avante, vinimos empujados por el viento y la corriente de vuelta para España. Ya se veía Finisterre allá a lo lejos, y todos pensábamos que íbamos embarrancar en la costa, cuando de pronto se quedó calma.
-Pero Señor Antón, ¡eso es imposible!
-Me vas a decir tú a mí que no es así. ¿Acaso estabas tú a bordo?


Yo, ante argumentos de tanto peso...callaba y seguía escuchando, que siempre fui mejor escuchador que hablador.

-Bueno señor Antón, me voy que tengo que hacer un recado en casa de mi suegra.
- Vete luego, hijo mío. Saluda a Lela de mi parte y tú vete para la mar, holgazán. Que los “pescos” en tierra, nada más que sabéis estar en la taberna.



Durante muchos años “El Confesionario” fue parada obligatoria para mí en la aldea. Cada vez que me detenía allí, escuchaba siempre una nueva historia de los labios del viejo marinero.
Con el tiempo y con los años sus ojos se fueron apagando a causa de unas cataratas de las que nunca quiso operarse, hasta quedar ciego del todo; Pero su lengua continuaba bien ágil y su ironía tan fresca como a primera hora.
Un día al llegar de la mar, mi esposa me dijo que al señor Antón le diera la enfermedad esa tarde y que estaba pronto a morir. Fui la aldea, a su casa a despedirme de aquel hombre que luchaba en su lecho de muerte por sus últimos alientos de vida. Me acerqué a él, lo cogí de la mano y cuando al oírme supo que era yo, me dijo con un hilo de voz ...

¡Ay! “Leliño noso”, nunca pensé morir en la cama y de viejo. Llévame para la mar contigo por Dios, que no quiero morir como un cobarde!!!


Esa noche entregó su Alma á Dios nuestro Señor el señor “Antón da Laxiña”, y yo doy fe de que no lo hizo como un cobarde, aunque finase de viejo y en la cama...

martes, 2 de marzo de 2010

SANTOÑA, VILLA MARINERA

Santoña, una de las villas con más sabor y tradición marinera de Cantabria acogerá este año el día 4 de Julio el homenaje que nuestra asociación tributara a los naufragos y desaparecidos en la mar.

Por eso hoy queremos enseñaros y daros a conocer un poco más de este bonito puerto marinero.


Decir Santoña es decir mar, y el mar y el monte Buciero son sus señas de identidad, sin olvidar a Juan de la Cosa, su hijo más universal, dueño y tripulante de la nao Santa María y autor en el año 1500 de "La carta", un precioso mapa donde se recoge por primera vez en la historia, el continente americano.

La bahía de Santoña se muestra apacible y rendida a los pies del Monte Buciero, monte que en sus entrañas guarda la huella de los fuertes napoleónicos que se crearon para defenderse de las escuadras enemigas y evitar los saqueos, y que hoy en día sirven de asentamiento para centros de cultura.



En el interior de este edificio mirador, se encuentra la exposición permanente y El Centro de Interpretación de las Marismas de Santoña. Es muy recomendable su visita, pues allí podemos ver el funcionamiento de los antiguos molinos de marea, el efecto intermareal y la gran riqueza de la flora, fauna piscicola y de las aves marinas que albergan esta Reserva Natural.



Por senderos perfectamente señalados, en el interior del emblemático monte Buciero, nos podemos acercar a dos de los faros más singulares de Cantabria al pie de los acantilados: el faro del Pescador y el faro del Caballo, este ultimo de más difícil acceso pues no en vano para llegar hasta él, hay que descender casi setecientos escalones tallados en el acantilado.


Queremos animar a todos aquellos que amáis y sentís la mar a que si alguna vez pasáis por Santoña no dejéis de ver la maravilla de estos acantilados llenos de una vegetacion agarrada a las rocas calizas con ejemplares centenarios de encinas, laureles, avellanos....

domingo, 21 de febrero de 2010

Naufragio del "Ficha II" en aguas de Galicia




NAUFRAGIO MORTAL

La marea del año que mudó en pesadilla

Una jornada de pesca que empezó bien, con capturas abultadas, acabó tiñéndose de luto cuando un lance extraordinario unido a un golpe de mar causó el hundimiento del «Ficha Segundo»

«Se non morrera o chaval, non era nada». Pero hubo una víctima, la primera para los Fichas -los hermanos Martínez Pardavila- en 37 años como armadores. Y por eso «a xente está jodida», tomando pastillas, sin dormir o «llorando como un niño». En Ribeira, el naufragio del Ficha Segundo aún está demasiado caliente. Nadie quiere hablar. «Está todo moi fresco. Deixa pasar uns días», pide Manolo, el mayor de los Fichas , que estuvo patroneando A Fanuda hasta que cuestiones de salud le obligaron a retirarse del mar.

La tripulación esquiva comentar en público un episodio que en privado revive cada noche, en cuanto llega la duermevela. Lo recrean en imágenes los 7 marineros del barco siniestrado que sobrevivieron al accidente ocurrido a 23 millas al norte de Burela. Y lo rememoran los 9 ocupantes del Marpar Segundo , la pareja de faena del Ficha , también de los Martínez Pardavila, que rescataron a sus colegas. «Vexo as imaxes cada noite. E os compañeiros cos que falei, tamén din o mesmo», comenta uno de los tripulantes que prefiere quedar en el anonimato.

En la madrugada del lunes, cuando los 17 hombres zarparon desde el puerto de Burela rumbo al caladero, nada hacía presagiar la tragedia. El tiempo, con vientos de 30 nudos y olas de cuatro metros, no era distinto del que les acompañó en otros cientos de jornadas de pesca sin que nunca les pusiese la zancadilla. «Traballas case todos os días nesas circunstancias; non era nada excepcional». Incluso parecía que tenían la suerte de cara. «Era o primeiro lance que faciamos». Y esa primera largada tuvo un resultado extraordinario. «É difícil calcular, pero poderían ser 1.200 ou 1.500 caixas (de 25 kilos)». Una buena marea, sin duda. En la lonja podrían haber obtenido de 16.000 a 54.000 euros, según los precios del lirio este mes. Pero en cuestión de minutos la estrella cambió y «de hacer la marea del año se pasó a tener que arriesgar la vida».?

Cambio de suerte

Al acabar de arrastrar, el Ficha Segundo fue el primero de la pareja en cobrarse las piezas. Con el saco en el costado de estribor, por donde está la puerta hidráulica, la tripulación comenzó a salabardear las capturas (meterlas a bordo desde el copo con una especie de truel gigante) hacia el parque de pesca. Llevaban metido el equivalente a unas 300 cajas de pescado vivo -«o peixe cando está vivo pesa pouco»- cuando las cosas se torcieron. El resto del pescado que todavía había en la red «morreu, e iso aumentou o peso do aparello». Un golpe de mar desplazó la carga que ya estaba dentro hacia el costado de estribor y, «entre o peso do aparello, o corremento da carga e un novo golpe de mar que inundou o parque de pesca, o barco escorou demasiado». Y antes de que pudiera adrizarse, otra ola metió más mar dentro del barco. Las bombas no fueron suficientes para achicar toda esa agua que había entrado. ? «Achégate a nós que imos volcar». Cuando Juan Ventura Fontaíña, el patrón del Ficha Segundo , se dio cuenta de que, por mucho que maniobrara, el barco no iba a recuperarse de la escora, solo tuvo tiempo a alertar al patrón de su pareja, Arturo Martínez, otro de los Fichas .

Desde el Marpar Segundo , donde la tripulación esperaba con los chalecos puestos a que el Ficha Segundo les pasase el aparejo para alijar su parte de la pesca, también fueron conscientes de que el barco iba a volcar. Irremediablemente.

Fueron testigos de excepción. A escasa media milla de distancia vieron cómo sus compañeros escapaban hacia babor para evitar hundirse con el barco. Todos menos uno: Kiko. Francisco José García Pouso, el engrasador del barco, se quedó agarrotado, agarrado a una barandilla en la popa del barco. «Púxose moi nervioso e non reaccionaba». Andrés Sánchez, su cuñado, el jefe de máquinas, ya casi había alcanzado la quilla del barco con los otros seis tripulantes cuando se dio cuenta de que Kiko no luchaba, permanecía quieto, asido a la baranda. Andrés acudió en su auxilio. Quiso conducirlo hacia babor, ayudarlo a gatear hacia la quilla, pero el engrasador estaba agarrotado. «Tivo que darlle nas mans cunha táboa para que se soltase».

Encaramados al saco

Y se soltó, pero para entonces ya era tarde. Ya no quedaba posibilidad alguna de librarse encaramándose hacia la quilla. Entonces vieron el saco de las capturas, que seguía a flote, y se subieron a él. Pero Kiko, «xa enriba do saco, se lle ía a cabeza para dentro da auga. Non se defendía». Lo hacía Andrés por él. Como la red se hundía, lo lanzó hacia un enjaretado que había flotando, «pero Kiko non loitaba». Mientras, en el Marpar Segundo , pasados los primeros segundos de choque, en el que «che invade un nerviosismo terrible, no que non sabes que facer nin a quen atender primeiro», enseguida se pusieron a lanzar tiradores (una piña llena de cabos finos para que se agarren los náufragos), aros, balsas salvavidas...

Precisamente una de esas balsas fue la que alcanzó Juan Ventura Fontaíña. El patrón no consiguió subirse a ella, pero sí agarrarse y por eso lo dejaron para el final del rescate. «A xente berraba na auga, claro, todo o mundo quería ser o primeiro». Clamor muchas veces «de desesperación, ao ver que non iamos directamente a el e que iamos primeiro a por outro compañeiro».? El primero fue Kiko. Que también necesitó ayuda para ser salvado. «Tirouse Rafael, o motorista (del Marpar), a auga amarrado polo chaleco porque Kiko nin siquera espatalexaba». A continuación subieron a Andrés, ya hipotérmico. Después fueron a por los demás. «A algúns metémolos pola porta hidráulica». Otros «por unha escaleira de gato na que se descolgaron os compañeiros». Y todo con el mayor cuidado, «porque tiñamos medo de darlle un golpe a alguén co barco e facela peor».? Cuando 30 minutos después del siniestro, Fontaíña, el último náufrago, fue rescatado, Arturo Martínez llamó a Ribeira. «Están os 8 vivos no barco». Pero Kiko no sobrevivió. El masaje cardíaco no fue suficiente. Y por eso, lo que podía haber quedado en un susto acabó en llanto. Y por eso, lo que podía haber sido una buena marea se quedó en pesadilla. La misma que desde el lunes reviven cada noche los tripulantes de una pareja que sigue amarrada en Burela.


Texto e imagen extraídos de LA VOZ DE GALICIA