domingo, 21 de febrero de 2010

Naufragio del "Ficha II" en aguas de Galicia




NAUFRAGIO MORTAL

La marea del año que mudó en pesadilla

Una jornada de pesca que empezó bien, con capturas abultadas, acabó tiñéndose de luto cuando un lance extraordinario unido a un golpe de mar causó el hundimiento del «Ficha Segundo»

«Se non morrera o chaval, non era nada». Pero hubo una víctima, la primera para los Fichas -los hermanos Martínez Pardavila- en 37 años como armadores. Y por eso «a xente está jodida», tomando pastillas, sin dormir o «llorando como un niño». En Ribeira, el naufragio del Ficha Segundo aún está demasiado caliente. Nadie quiere hablar. «Está todo moi fresco. Deixa pasar uns días», pide Manolo, el mayor de los Fichas , que estuvo patroneando A Fanuda hasta que cuestiones de salud le obligaron a retirarse del mar.

La tripulación esquiva comentar en público un episodio que en privado revive cada noche, en cuanto llega la duermevela. Lo recrean en imágenes los 7 marineros del barco siniestrado que sobrevivieron al accidente ocurrido a 23 millas al norte de Burela. Y lo rememoran los 9 ocupantes del Marpar Segundo , la pareja de faena del Ficha , también de los Martínez Pardavila, que rescataron a sus colegas. «Vexo as imaxes cada noite. E os compañeiros cos que falei, tamén din o mesmo», comenta uno de los tripulantes que prefiere quedar en el anonimato.

En la madrugada del lunes, cuando los 17 hombres zarparon desde el puerto de Burela rumbo al caladero, nada hacía presagiar la tragedia. El tiempo, con vientos de 30 nudos y olas de cuatro metros, no era distinto del que les acompañó en otros cientos de jornadas de pesca sin que nunca les pusiese la zancadilla. «Traballas case todos os días nesas circunstancias; non era nada excepcional». Incluso parecía que tenían la suerte de cara. «Era o primeiro lance que faciamos». Y esa primera largada tuvo un resultado extraordinario. «É difícil calcular, pero poderían ser 1.200 ou 1.500 caixas (de 25 kilos)». Una buena marea, sin duda. En la lonja podrían haber obtenido de 16.000 a 54.000 euros, según los precios del lirio este mes. Pero en cuestión de minutos la estrella cambió y «de hacer la marea del año se pasó a tener que arriesgar la vida».?

Cambio de suerte

Al acabar de arrastrar, el Ficha Segundo fue el primero de la pareja en cobrarse las piezas. Con el saco en el costado de estribor, por donde está la puerta hidráulica, la tripulación comenzó a salabardear las capturas (meterlas a bordo desde el copo con una especie de truel gigante) hacia el parque de pesca. Llevaban metido el equivalente a unas 300 cajas de pescado vivo -«o peixe cando está vivo pesa pouco»- cuando las cosas se torcieron. El resto del pescado que todavía había en la red «morreu, e iso aumentou o peso do aparello». Un golpe de mar desplazó la carga que ya estaba dentro hacia el costado de estribor y, «entre o peso do aparello, o corremento da carga e un novo golpe de mar que inundou o parque de pesca, o barco escorou demasiado». Y antes de que pudiera adrizarse, otra ola metió más mar dentro del barco. Las bombas no fueron suficientes para achicar toda esa agua que había entrado. ? «Achégate a nós que imos volcar». Cuando Juan Ventura Fontaíña, el patrón del Ficha Segundo , se dio cuenta de que, por mucho que maniobrara, el barco no iba a recuperarse de la escora, solo tuvo tiempo a alertar al patrón de su pareja, Arturo Martínez, otro de los Fichas .

Desde el Marpar Segundo , donde la tripulación esperaba con los chalecos puestos a que el Ficha Segundo les pasase el aparejo para alijar su parte de la pesca, también fueron conscientes de que el barco iba a volcar. Irremediablemente.

Fueron testigos de excepción. A escasa media milla de distancia vieron cómo sus compañeros escapaban hacia babor para evitar hundirse con el barco. Todos menos uno: Kiko. Francisco José García Pouso, el engrasador del barco, se quedó agarrotado, agarrado a una barandilla en la popa del barco. «Púxose moi nervioso e non reaccionaba». Andrés Sánchez, su cuñado, el jefe de máquinas, ya casi había alcanzado la quilla del barco con los otros seis tripulantes cuando se dio cuenta de que Kiko no luchaba, permanecía quieto, asido a la baranda. Andrés acudió en su auxilio. Quiso conducirlo hacia babor, ayudarlo a gatear hacia la quilla, pero el engrasador estaba agarrotado. «Tivo que darlle nas mans cunha táboa para que se soltase».

Encaramados al saco

Y se soltó, pero para entonces ya era tarde. Ya no quedaba posibilidad alguna de librarse encaramándose hacia la quilla. Entonces vieron el saco de las capturas, que seguía a flote, y se subieron a él. Pero Kiko, «xa enriba do saco, se lle ía a cabeza para dentro da auga. Non se defendía». Lo hacía Andrés por él. Como la red se hundía, lo lanzó hacia un enjaretado que había flotando, «pero Kiko non loitaba». Mientras, en el Marpar Segundo , pasados los primeros segundos de choque, en el que «che invade un nerviosismo terrible, no que non sabes que facer nin a quen atender primeiro», enseguida se pusieron a lanzar tiradores (una piña llena de cabos finos para que se agarren los náufragos), aros, balsas salvavidas...

Precisamente una de esas balsas fue la que alcanzó Juan Ventura Fontaíña. El patrón no consiguió subirse a ella, pero sí agarrarse y por eso lo dejaron para el final del rescate. «A xente berraba na auga, claro, todo o mundo quería ser o primeiro». Clamor muchas veces «de desesperación, ao ver que non iamos directamente a el e que iamos primeiro a por outro compañeiro».? El primero fue Kiko. Que también necesitó ayuda para ser salvado. «Tirouse Rafael, o motorista (del Marpar), a auga amarrado polo chaleco porque Kiko nin siquera espatalexaba». A continuación subieron a Andrés, ya hipotérmico. Después fueron a por los demás. «A algúns metémolos pola porta hidráulica». Otros «por unha escaleira de gato na que se descolgaron os compañeiros». Y todo con el mayor cuidado, «porque tiñamos medo de darlle un golpe a alguén co barco e facela peor».? Cuando 30 minutos después del siniestro, Fontaíña, el último náufrago, fue rescatado, Arturo Martínez llamó a Ribeira. «Están os 8 vivos no barco». Pero Kiko no sobrevivió. El masaje cardíaco no fue suficiente. Y por eso, lo que podía haber quedado en un susto acabó en llanto. Y por eso, lo que podía haber sido una buena marea se quedó en pesadilla. La misma que desde el lunes reviven cada noche los tripulantes de una pareja que sigue amarrada en Burela.


Texto e imagen extraídos de LA VOZ DE GALICIA

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