sábado, 24 de enero de 2009

sábado, 17 de enero de 2009

Características del Bónifaz

Dentro del Programa de Construcciones Navales de la Empresa Nacional “Elcano”, se encontraban los Buques del Tipo “T”. La serie de doce buques, fue contratada con los siguientes astilleros:
  • “T-1” y “T-2”, con la Sociedad Española de Construcción Naval, en Matagorda.
  • “T-3”, “T-4”, “T-5” y “T-6”, “T-11” y “T-12”, con la Empresa Nacional “Bazán”, en El Ferrol
  • “T-7”

Los nombres completos de la serie eran: ESCATRÓN, ESCOMBRERAS, PUERTOLLANO, PUENTES DE GARCÍA RODRÍGUEZ (estos cuatro primeros se vendieron a REPESA), VALMASEDA, DURANGO (los dos para la Naviera Vizcaína), BONIFAZ (nuestro protagonista), PIÉLAGOS (ambos para la Naviera de Castilla), ASTORGA (para CEPSA), MEQUINENZA (también para REPESA), COMPOSTILLA y RIBAGORZANA (integrados en la flota de la E. N. “Elcano”). “T-8”, “T-9” y “T-10”, con Astilleros de Cádiz. La construcción se inició en el año 1955.

El 17 de febrero de 1957 se puso la quilla en los Astilleros de Cádiz al sexto buque del Tipo “T”, de nombre BONIFAZ, al que se otorgó el número de construcción C-047. El 27 de septiembre del mismo año, a las cinco y media de la tarde, tuvo lugar la botadura del nuevo petrolero cuya madrina fue la Marquesa de Viesca de la Sierra. Fue el primer buque construido en España que equipaba un nuevo tipo motor de dos tiempos, sobrealimentado montado por La Maquinista Terrestre y Marítima en su factoría de Barcelona. Las pruebas oficiales, todas satisfactorias, comenzaron el día 3 de febrero de 1959, consiguiéndose una velocidad media de 16,95 nudos. En el momento de ser entregado a la Naviera de Castilla el 10 de febrero de 1959, era el buque de mayor tonelaje construido en ese astillero. Esta naviera santanderina, perteneciente al Grupo Pereda, fue fundada el 12 de abril de 1956 y el primer buque de su flota era el recién incorporado BONIFAZ. Su viaje inaugural fue a Escombreras para hacer consumo, desde donde partió con destino al Golfo Pérsico para recibir su primer cargamento de crudo.

Su silueta era la clásica de un “tres islas”, con castillo a proa, en el centro la ciudadela, que daba ubicación al puente de mando y a la habilitación para el capitán y los oficiales de cubierta, y a popa, la cámara de máquinas con la toldilla y la habilitación para los oficiales de máquinas y el resto de la tripulación. Llevaba dos pares de posteleros en cubierta, uno para dar servicio a los puntales de una pequeña bodega ubicada en el castillo de proa y el otro para los puntales que manejaban las mangueras en el manifold. Los tanques de carga (29 en total), que tenían una capacidad para 25.181 metros cúbicos, estaban numerados del 1 al 10. La cámara de bombas, equipada con tres bombas verticales tipo Carruthers con capacidad para 600 toneladas/hora, estaba situada a popa de la ciudadela, entre los tanques nº 5 y 6. Entre otras comodidades, disponía de aire acondicionado en todos los espacios interiores y una piscina para disfrute de su tripulación.

Sus características más importantes eran las siguientes:

  • Distintivo: EAFX
  • Puerto de Registro: Cádiz
  • Tonelaje de Registro Bruto: 12.942,38 toneladas
  • Tonelaje de Registro Neto: 7.395,67 toneladas
  • Peso Muerto: 19.420 toneladas
  • Desplazamiento máximo: 26.030 toneladas
  • Eslora total: 170,67 metros
  • Eslora entre perpendiculares: 161,54 metros
  • Manga de trazado: 21,64 metros
  • Puntal de trazado: 11,90 metros
  • Calado máximo: 9,21 metros
  • Propulsión: 1 motor diesel B & W
  • Potencia máxima: 7.500 BHP a 115 r.p.m.
  • Combustible: 1.942 metros cúbicos
  • Velocidad: 15 nudos
  • Autonomía: 13.000 millas a 14 nudos

El resto de la historia ya la conoceis. Si quiereis recordarla aquí la teneis.

(FOTOGRAFÍAS FACILITADAS POR ANTONIO ROTAECHE)

jueves, 8 de enero de 2009

Jesus Cancio: POETA DEL MAR

A Jesús Cancio se le conoce como el Poeta del Mar y es que se trata de uno de los grandes cantores del mar y uno de los más finos líricos montañeses.

Salvador Jesús Cancio Corona nació en la villa marinera de Comillas en 1885. Hijo de un capitán asturiano de la Marina Mercante y de una oriunda de Cudón, en el municipio cántabro de Miengo, el matrimonio residió desde el principio en Comillas. Con solo diez años ingresó en el Seminario de Monte Corbán para seguir los estudios eclesiásticos por deseo de su madre, que no así de su padre ni suyo propios, que hubiera preferido la vida marinera del progenitor. Su poca vocación para lo religioso unido a una enfermedad que a la larga terminaría en ceguera, hizo que a los dieciséis años abandonara la incipiente carrera.

Según José Ramón Saiz Viadero, la influencia de su madre y de su hermano llenaron, posiblemente, el pensamiento de Cancio de inquietudes religiosas, que más adelante manifestaría en sus poemas dedicados a la Virgen, a la Semana de Pasión, y a las fiestas eclesiásticas en general. Tras la salida del Seminario mantiene una vida bohemia siempre en Comillas con frecuentes viajes a los ambientes artísticos de las cercanas Cabezón de la Sal y de Torrelavega. Es probablemente por esta época cuando hace amistad con los poetas cántabros José Hierro, Manuel Llano, Gerardo Diego y José Luis Hidalgo con los que comparte tertulia. Hacia 1950 comienza a colaborar como corresponsal en el quincenario cabezonense El Progreso y escribe monólogos costumbristas. Por este tiempo recibe el mazazo de la muerte de su padre, su hermano y su novia casi uno detrás del otro.


Al inicio de los años veinte, apadrinado por José del Río Sainz, inicia sus colaboraciones en el periódico santanderino La Atalaya, al que envía poemas y relatos de corte costumbrista. Junto a Del Río, Cancio se convierte en uno de los grandes cantores del mar, de cuya inmensidad se muestra enamorado y, a la vez, asombrado contemplador. En 1921 un amigo publica su primer libro Olas y Cantiles. Hasta 1926 no verá la luz el segundo, Bruma Norteña. Sus versos, llenos de emoción y musicalidad, se hicieron populares, y voces admiradoras los intercalaron en lecturas públicas y recitales.


En la obra de Cancio se han señalado dos etapas bien diferenciadas: en sus publicaciones anteriores a la Guerra Civil aparece su preocupación por los tipos y ambientes marineros, en poemas largos, en los que predomina el romance con marcado ritmo modernista, unido a la musicalidad del verso con cierto aire popular en la composición. Otro apartado diferente lo ocupa la poesía de guerra, con un romancero, publicado en algunos periódicos santanderinos durante los años republicanos y los de la contienda, que fue editado póstumamente por el poeta Rafael Colomer.

En 1930 publica Romancero del mar. Jesús Cancio colaboró con Adriano García Lomas en las investigaciones folklóricas reunidas en dos tomos con el título Del Solar y de la Raza (Pasajes, 1928-1931). En 1930 le fue tributado en Comillas un cordialísimo homenaje, en el que entre otras, tuvo la adhesión del propio rey Alfonso XIII.

Durante la Guerra Civíl española de 1936, Cancio es concejal de la villa de Comillas, esto unido a su reconocida militancia republicana, hace que cuando termine la contienda sea encarcelado en Torrelavega. Ya por aquel tiempo tiene dificultad de visión pero ni esta merma ni el hecho reconocido de su contribución decidida a que se respetara el templo y las imágenes religiosas, evitó que fuera encarcelado.

Fue indultado en 1941 pero desterrado de Cantabria por lo que decide residir en Madrid donde vive su primo Luis Corona que le mostraría una inquebrantable amistad. Pero con la cruel ley la de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939 se le impuso sanciones económicas con la perdida total de los pocos bienes que poseía y se le retira una modesta renta que generaban los valores de la Compañía de Tabacos de Filipinas, legados al morir por su madre.

Está en la indigencia pero gracias a su primo Luis y la aparición de cariñosos mecenazgos favorecieron la publicación de nuevos libros de poemas: Maretazos (Buenos Aires, 1947), patrocinado por Jesús Corona e Ignacio Vázquez Maza, Barlovento (Madrid, 1951), subvencionado por el embajador de Filipinas en España, Bronces de mi costa (1956), fervientemente suscrito, y la deseada antología Poesía del Mar, cuya aparición cumplió un anhelado sueño del poeta, y en cuya financiación colaboraron Pablo Tarrero, Severino Setién y Fernando Riaño. Tales satisfacciones compensaron al poeta de muchas amarguras pasadas y poco a poco, aún temeroso de su destierro se empieza a trasladar de lugar procurando acercarse cada vez más a su tierra natal; primero residirá en Bilbao y luego en Polanco donde le sobreviene la muerte un 23 de agosto de 1961.

Una muestra de su obra es esta poesía sacada de su libro BRONCES DE MI COSTA.

Pobres de los ahogados,

de los hundidos en la niebla inmensa,

en la ancha tumba anónima

sin una cruz ni una cordial leyenda.

Pobres de los ahogados,
día y noche rodando por la arena

sin una mano amiga

que les cierre los ojos y les prenda

en el hinchado pecho

la cruz que lleva a Dios al que la ostenta.


Pobre de los ahogados ,

día y noche rodando entre las peñas

al empujón sin alma

de resacas, corrientes y mareas.

Señor, si los dejaste

a merced de la trágica galerna,

concédeles al menos,

en un gesto, no más, de tu clemencia

que descansen en paz bajo unas flores

igual que sus hermanos de la tierra.

lunes, 5 de enero de 2009

Mi pequeño naufragio




Este es el relato de lo acontecido en mi único naufragio, un incidente sin desgracias personales, el cual a mi sirvió para darme cuenta de que en la mar, en cualquier momento puede surgir un incidente, y lo que es mas importante, asimilé que la serenidad, salva vidas. Hoy yo soy el patrón y espero no volver a pasar por un trance parecido, pero si así fuese, querría ostentar la templanza que demostró aquel que lo era en ese momento.



En la primavera del año 1981 navegaba yo embarcado de contramaestre en un arrastrero con base a Muros nombrado Peña Negra. El barco era como la mayoría de la flota de arrastre de Muros en aquellos años, un viejo cascajo de madera con muchos años de mar en sus espaldas. Faenábamos la altura de Cabo Corrubedo, en una zona llamada Mar De Navallas; El tiempo era de Nordeste flojito con un poco de marejada de viento; O sea un día de tantos en esta costa. Acabábamos de recoger las redes y estábamos navegando un poco para buscar un nuevo lugar donde calarlas, cuando sube el motorista con gesto desencajado y ostensiblemente nervioso. - ¿Qué le pasa señor Ricardo, que mismo parece haber visto un ánima del otro mundo?,- le pregunté yo a ver su estado.
- Tenemos una vía de agua, balbució mientras corría para el puente para avisar el patrón.
Luego todo sucedió con mucha celeridad. Comprobamos que las bombas de achique no daban abasto para evacuar toda la cantidad de agua y que el barco se anegaba rápidamente, el patrón dio la señal de alarma por la telefonía a los otros barcos que se encontraban en las cercanías y mandó arriar una balsa por el costado de sotavento. Es de destacar que todos estábamos muy tranquilos a pesar de la situación porque las condiciones meteorológicas no eran muy malas y además todos teníamos una confianza ciega en las decisiones del patrón.
El motor principal quedó inutilizado a los pocos minutos, pues el nivel del agua le llegó a alguna parte vital, pero el motor auxiliar situado a mayor altura, continuaba achicando con su potente bomba, eso nos daba unos minutos de margen en espera de la llegada de ayuda.
En la lejanía ya se divisaba la silueta del “María Auxiliadora” (ese era el nombre mas adecuado en ese momento, para el barco que nos iba a salvar,) que también era un arrastrero de Muros el cual se apresto a socorrernos.
El patrón al ver que se acercaba la anhelada ayuda, ordenó que toda la tripulación embarcarse en la balsa y nos pidió al motorista y a mí sí queríamos quedar con él abordo mientras el motor auxiliar siguiese achicando. Ni el Señor Ricardo ni yo, dudamos un solo instante, continuaríamos abordo con el patrón hasta que él creyese conveniente.
El María Auxiliadora arribó a nuestro costado en pocos minutos y recogió los náufragos de la balsa. Mientras nosotros tres, le dimos una estacha al Auxiliadora con la esperanza de poder ser remolcados hasta alguna playa antes de que el barco se hundiese. Y así fuimos unos pocos minutos hasta que el motor auxiliar también finó. El señor Ricardo y yo fuimos al compartimiento de maquinas y comprobamos que el nivel del agua había subido mucho en pocos minutos, se lo comunicamos al Patrón y él dio la orden de picar el remolque y de abandonar el buque.
Con un hacha corté el remolque mientras el patrón se comunicaba con el María Auxiliadora pidiéndole que se abarloase a nosotros para recogernos. No fue fácil el abandono, pues la marejada y el viento habían aumentado desde el principio del incidente y la maniobra de acoderar se hacía imposible. Lo único que podía hacer el patrón del Auxiliadora era tratar de arrimar su popa nuestro costado para, aprovechando la anqueada del mar tratar de saltar de un barco a otro. Para el patrón y para mí, que éramos jóvenes no representaba mucha dificultad el salto, pero el Señor Ricardo próximo ya a su jubilación tenía miedo de no lograrlo. El patrón lo cogió por una mano y mirándole a los ojos le dijo – No te voy a soltar, pase lo que pase no te soltaré, - yo lo agarré por la otra mano y así cogidos los tres, esperamos la anqueada propicia para saltar y cogidos de la mano “aterrizamos” en la cubierta del Auxiliadora. No pasaron cinco minutos entre el abandono del Peña Negra y su hundimiento. Se fue colando de popa poco a poco, como a camara lenta, hasta que en su ultimo suspiro puso su proa al sol para a continuación desaparecer tragado por la aguas. Quién mas , quien menos de nosotros tenía la cara desencajada y todos tratábamos de contener las lágrimas, alguno no lo logró y lloraba desconsoladamente. Uno de ellos era nuestro patrón, el cual apoyado en la regala del Auxiliadora, contemplaba las aguas donde solo hacía un rato había desaparecido el Peña Negra. ¡Acababa de hacerse la idea de que había perdido su barco!
El Peña Negra reposa la media milla del Rosa Náutica otro arrastrero de Muros que se hundiera unos años antes al ser embestido por un barco que hacia ruta hacia el Gran Sol.


El patrón pocos meses después compró otro barco.

El señor Ricardo se jubiló y nunca más volvió al mar.

Yo no tardé una semana en volver a embarcarme de nuevo