martes, 2 de marzo de 2010

SANTOÑA, VILLA MARINERA

Santoña, una de las villas con más sabor y tradición marinera de Cantabria acogerá este año el día 4 de Julio el homenaje que nuestra asociación tributara a los naufragos y desaparecidos en la mar.

Por eso hoy queremos enseñaros y daros a conocer un poco más de este bonito puerto marinero.


Decir Santoña es decir mar, y el mar y el monte Buciero son sus señas de identidad, sin olvidar a Juan de la Cosa, su hijo más universal, dueño y tripulante de la nao Santa María y autor en el año 1500 de "La carta", un precioso mapa donde se recoge por primera vez en la historia, el continente americano.

La bahía de Santoña se muestra apacible y rendida a los pies del Monte Buciero, monte que en sus entrañas guarda la huella de los fuertes napoleónicos que se crearon para defenderse de las escuadras enemigas y evitar los saqueos, y que hoy en día sirven de asentamiento para centros de cultura.



En el interior de este edificio mirador, se encuentra la exposición permanente y El Centro de Interpretación de las Marismas de Santoña. Es muy recomendable su visita, pues allí podemos ver el funcionamiento de los antiguos molinos de marea, el efecto intermareal y la gran riqueza de la flora, fauna piscicola y de las aves marinas que albergan esta Reserva Natural.



Por senderos perfectamente señalados, en el interior del emblemático monte Buciero, nos podemos acercar a dos de los faros más singulares de Cantabria al pie de los acantilados: el faro del Pescador y el faro del Caballo, este ultimo de más difícil acceso pues no en vano para llegar hasta él, hay que descender casi setecientos escalones tallados en el acantilado.


Queremos animar a todos aquellos que amáis y sentís la mar a que si alguna vez pasáis por Santoña no dejéis de ver la maravilla de estos acantilados llenos de una vegetacion agarrada a las rocas calizas con ejemplares centenarios de encinas, laureles, avellanos....

domingo, 21 de febrero de 2010

Naufragio del "Ficha II" en aguas de Galicia




NAUFRAGIO MORTAL

La marea del año que mudó en pesadilla

Una jornada de pesca que empezó bien, con capturas abultadas, acabó tiñéndose de luto cuando un lance extraordinario unido a un golpe de mar causó el hundimiento del «Ficha Segundo»

«Se non morrera o chaval, non era nada». Pero hubo una víctima, la primera para los Fichas -los hermanos Martínez Pardavila- en 37 años como armadores. Y por eso «a xente está jodida», tomando pastillas, sin dormir o «llorando como un niño». En Ribeira, el naufragio del Ficha Segundo aún está demasiado caliente. Nadie quiere hablar. «Está todo moi fresco. Deixa pasar uns días», pide Manolo, el mayor de los Fichas , que estuvo patroneando A Fanuda hasta que cuestiones de salud le obligaron a retirarse del mar.

La tripulación esquiva comentar en público un episodio que en privado revive cada noche, en cuanto llega la duermevela. Lo recrean en imágenes los 7 marineros del barco siniestrado que sobrevivieron al accidente ocurrido a 23 millas al norte de Burela. Y lo rememoran los 9 ocupantes del Marpar Segundo , la pareja de faena del Ficha , también de los Martínez Pardavila, que rescataron a sus colegas. «Vexo as imaxes cada noite. E os compañeiros cos que falei, tamén din o mesmo», comenta uno de los tripulantes que prefiere quedar en el anonimato.

En la madrugada del lunes, cuando los 17 hombres zarparon desde el puerto de Burela rumbo al caladero, nada hacía presagiar la tragedia. El tiempo, con vientos de 30 nudos y olas de cuatro metros, no era distinto del que les acompañó en otros cientos de jornadas de pesca sin que nunca les pusiese la zancadilla. «Traballas case todos os días nesas circunstancias; non era nada excepcional». Incluso parecía que tenían la suerte de cara. «Era o primeiro lance que faciamos». Y esa primera largada tuvo un resultado extraordinario. «É difícil calcular, pero poderían ser 1.200 ou 1.500 caixas (de 25 kilos)». Una buena marea, sin duda. En la lonja podrían haber obtenido de 16.000 a 54.000 euros, según los precios del lirio este mes. Pero en cuestión de minutos la estrella cambió y «de hacer la marea del año se pasó a tener que arriesgar la vida».?

Cambio de suerte

Al acabar de arrastrar, el Ficha Segundo fue el primero de la pareja en cobrarse las piezas. Con el saco en el costado de estribor, por donde está la puerta hidráulica, la tripulación comenzó a salabardear las capturas (meterlas a bordo desde el copo con una especie de truel gigante) hacia el parque de pesca. Llevaban metido el equivalente a unas 300 cajas de pescado vivo -«o peixe cando está vivo pesa pouco»- cuando las cosas se torcieron. El resto del pescado que todavía había en la red «morreu, e iso aumentou o peso do aparello». Un golpe de mar desplazó la carga que ya estaba dentro hacia el costado de estribor y, «entre o peso do aparello, o corremento da carga e un novo golpe de mar que inundou o parque de pesca, o barco escorou demasiado». Y antes de que pudiera adrizarse, otra ola metió más mar dentro del barco. Las bombas no fueron suficientes para achicar toda esa agua que había entrado. ? «Achégate a nós que imos volcar». Cuando Juan Ventura Fontaíña, el patrón del Ficha Segundo , se dio cuenta de que, por mucho que maniobrara, el barco no iba a recuperarse de la escora, solo tuvo tiempo a alertar al patrón de su pareja, Arturo Martínez, otro de los Fichas .

Desde el Marpar Segundo , donde la tripulación esperaba con los chalecos puestos a que el Ficha Segundo les pasase el aparejo para alijar su parte de la pesca, también fueron conscientes de que el barco iba a volcar. Irremediablemente.

Fueron testigos de excepción. A escasa media milla de distancia vieron cómo sus compañeros escapaban hacia babor para evitar hundirse con el barco. Todos menos uno: Kiko. Francisco José García Pouso, el engrasador del barco, se quedó agarrotado, agarrado a una barandilla en la popa del barco. «Púxose moi nervioso e non reaccionaba». Andrés Sánchez, su cuñado, el jefe de máquinas, ya casi había alcanzado la quilla del barco con los otros seis tripulantes cuando se dio cuenta de que Kiko no luchaba, permanecía quieto, asido a la baranda. Andrés acudió en su auxilio. Quiso conducirlo hacia babor, ayudarlo a gatear hacia la quilla, pero el engrasador estaba agarrotado. «Tivo que darlle nas mans cunha táboa para que se soltase».

Encaramados al saco

Y se soltó, pero para entonces ya era tarde. Ya no quedaba posibilidad alguna de librarse encaramándose hacia la quilla. Entonces vieron el saco de las capturas, que seguía a flote, y se subieron a él. Pero Kiko, «xa enriba do saco, se lle ía a cabeza para dentro da auga. Non se defendía». Lo hacía Andrés por él. Como la red se hundía, lo lanzó hacia un enjaretado que había flotando, «pero Kiko non loitaba». Mientras, en el Marpar Segundo , pasados los primeros segundos de choque, en el que «che invade un nerviosismo terrible, no que non sabes que facer nin a quen atender primeiro», enseguida se pusieron a lanzar tiradores (una piña llena de cabos finos para que se agarren los náufragos), aros, balsas salvavidas...

Precisamente una de esas balsas fue la que alcanzó Juan Ventura Fontaíña. El patrón no consiguió subirse a ella, pero sí agarrarse y por eso lo dejaron para el final del rescate. «A xente berraba na auga, claro, todo o mundo quería ser o primeiro». Clamor muchas veces «de desesperación, ao ver que non iamos directamente a el e que iamos primeiro a por outro compañeiro».? El primero fue Kiko. Que también necesitó ayuda para ser salvado. «Tirouse Rafael, o motorista (del Marpar), a auga amarrado polo chaleco porque Kiko nin siquera espatalexaba». A continuación subieron a Andrés, ya hipotérmico. Después fueron a por los demás. «A algúns metémolos pola porta hidráulica». Otros «por unha escaleira de gato na que se descolgaron os compañeiros». Y todo con el mayor cuidado, «porque tiñamos medo de darlle un golpe a alguén co barco e facela peor».? Cuando 30 minutos después del siniestro, Fontaíña, el último náufrago, fue rescatado, Arturo Martínez llamó a Ribeira. «Están os 8 vivos no barco». Pero Kiko no sobrevivió. El masaje cardíaco no fue suficiente. Y por eso, lo que podía haber quedado en un susto acabó en llanto. Y por eso, lo que podía haber sido una buena marea se quedó en pesadilla. La misma que desde el lunes reviven cada noche los tripulantes de una pareja que sigue amarrada en Burela.


Texto e imagen extraídos de LA VOZ DE GALICIA

lunes, 18 de enero de 2010

Finisterre 17 y 18 de enero




En donde hay mar, hay marineros. Donde hay marineros hay barcos y donde hay barcos, a veces ocurren desgracias.
Pero a pesar de que el mar suele reclamar un tributo cada cierto tiempo; ningún pueblo marinero olvida nunca a los hijos que perdieron sus vidas en él.
Demasiado dolor, demasiadas viudas y huérfanos. ¿Cuál es la villa de nuestra costa que no posee a su particular tragedia?
El Ave del Mar en Moaña , El Cizurquil en Muros y en Fisterra el Bonito , son sólo algunas de las tragedias acaecidas y protagonizadas por marineros en nuestras costas.
Estas desgracias no suelen estar reflejadas en los grandes libros sobre naufragios. ¡La muerte de un pescador no vende ejemplares! Pero los huérfanos, las viudas, las madres, de estos hombres de mar, están y estarán siempre ahí, y nunca han olvidarse de los suyos.
No dejemos que el recuerdo muera con ellos. Recordemos nosotros también. Y así pervivirán en el tiempo y en la memoria.
32 huérfanos dejaron los 11 tripulantes del palangrero " O Bonito" en la villa de Fisterra el 18 de enero de 1960.
Aún hoy, 50 años después de la tragedia, se desconocen las causas de su desaparición.


El bonito era propiedad de Matías Canosa, y fue construido en el año 1945.
Estaba inscrito en el folio 1091 de la tercera lista, desplazaba 8 toneladas y poseía un motor de 40 HP.
Pocos meses antes de la tragedia el palangrero, había reparado su motor y su casco.


En su rol 11 nombres de otros tantos hombres que nunca regresaron sus casas.


RAMÓN TRILLO LIZANCOS , patrón de pesca;
JUAN FERNANDEZ MARCOTE, motorista;
MANUEL RIVERA CALO
JUAN LAGO DOMÍNGUEZ
RAMÓN LAGO DOMINGUEZ
FRANCISCO SANTAMARÍA CANOSA
JUAN LOPEZ DOMÍNGUEZ
JUAN TRABA TRILLO
AGUSTIN RIVAS DOMINGUEZ y
MANUEL LOPEZ LOPEZ; (marineros).


Todos ellos naturales y vecinos de Fisterra.
Mi buen amigo, Ernesto Rivero Calo, Patrón de pesca, además de hermano y cuñado de dos de los tripulantes del Bonito, colabora con sus recuerdos y con su experiencia en la elaboración de este relato.
Ese 18 de enero zarpó el Bonito para sus caladeros habituales situados al Oeste del Cabo de la Nave. El viento era frescachón]del [SW], y la mar de fondo gruesa del [NW] hacía que en la costa y en las piedras amontonasen montañas de espuma entre encrespadas olas.
Algunos barcos ese día decidieron no salir a la mar en vista de las malas condiciones meteorológicas.
Ramón Trillo a pesar de su juventud (28 años) era ya un acostumbrado patrón de pesca y sabia bien que en días como ese la costa era su peor enemigo, por eso al salir de puerto su rumbo fue siempre alejado de las rompientes.
Se dirigían probablemente a un caladero al Oeste de la de la Nave llamado por los pescadores "Jurjullo".
Allí el día anterior había obtenido buenas capturas y Ramón, casi con seguridad, acudió de nuevo a la misma zona.
No se sabe en que momento ocurrió la tragedia ni en que forma. Pudo ser la causa del mal tiempo reinante]o que fuese abordado por uno de los numerosos mercantes que transitaban en aquella época por estas aguas.
En tierra no se dio la alarma entre los familiares del Bonito hasta bien entrada la noche. Pues el día anterior ya había demorado su retorno a puerto por causa de haber alijado una gran cantidad de pescado.
Rápidamente salieron de puerto varios barcos para tratar de encontrar a los desaparecidos. Las motoras "[Puentecesures]", patroneada por Juan Crastreje Martínez; "Josefa", que patroneaba Modesto Insua Domínguez, y "Manuel"; que era mandada por José Fábregas Calo, fueron algunas de las que participaron en la búsqueda.
Hasta las 4 de la tarde del siguiente día continuaron las labores de rastreo, pero no se halló rastro de ningún superviviente.
Sólo restos de redes y de ropas fueron avistados en una zona muy amplia que abarcaba desde Villano a cabo Fisterra.
Mientras en tierra con el paso de las horas el desánimo y la intranquilidad de los familiares iban en aumento. Cada nueva hora que pasaba sin noticias de los náufragos, disminuía la posibilidad de rescatar a algún de ellos con vida.
Con el regreso a puerto de las embarcaciones que participaron en el rastreo se confirma la tragedia. Las esposas se convierten en viudas y los hijos en huérfanos. Y todo un pueblo, junto, llora por la perdida de sus convecinos.
El 26 de enero se ofició en la iglesia parroquial de Fisterra un funeral presidido por el Cardenal Arzobispo don Fernando Quiroga Palacios, al que acudieron diversas autoridades entre las cuales destacaban el Gobernador civil de la provincia don Evaristo Martín Freire. En representación del Capitán General de la zona marítima del Cantábrico, estaba el Ayudante de Marina de Corcubión, y el representante provincial de Instituto Social de la Marina.
Mucho
s de los huérfanos de los náufragos del Bonito aún viven en Fisterra y una gran mayoría de ellos se dedican o se dedicaron en su día también al trabajo en la mar.


Porque no hay que olvidar nunca los ausentes, pero la vida debe continuar...




martes, 29 de diciembre de 2009

FELIZ AÑO NUEVO



Que a todos los que navegamos en este barco, nos traiga este ocaso un amanecer cargado de esperanza y que las olas y la brisa de este mar, que une a los pueblos, nos alejen de rencillas, odios y discordias y nos acerquen hasta una costa donde podamos compartir paz, salud, deseos e ilusiones.