sábado, 19 de diciembre de 2009

NAUFRAGIO DEL ELORRIO


El historiador Rafael Gonzalez Echegaray en su libro Naufragios en la costa de Cantabria dedica un capitulo a la gran tragedia del Elorrio, perdido el 21 de diciembre de 1961.

Se fue a estrellar en estos acantilados de Langre, en lo más abrupto e inhóspito del litoral, en donde no cabían esperanzas de ninguna clase, justamente por la parte de afuera de la barrera de peñas que llaman la Manilla y que corre paralela a la costa, bien abierta de ella y sin acceso posible; algo así como un falso muelle de bloques de piedra batido implacablemente, que vela apenas en la bajamar dejando entre él y la tierra firme una poza mayor de anchura que la dársena de Puerto Chico en algunas partes. La enfilación del seno de Los Molinucos, con el Lastrón, extremo norte de la isla Jordanes, prolongada hasta cortar la costa de Langre, señala la tumba del Elorrio, en donde murieron 21 personas luchando horriblemente contra la furia de los elementos. Desde una altura de casi 70 metros, cortados a pico se encoge el alma pensando en la lenta agonía de aquellos hombres y en la impotencia desesperada de los testigos aterrados.

El "Elorrio" se construyó con el número 17 en los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval de Sestao en 1922, para el armador Bilbaino Don Francisco Aldecoa y con el nombre de "Aldecoa", que tuvo durante toda su vida .
En 1959 el "Aldecoa" se vendió a la Naviera Ibaizábal, de Bilbao ( armador, señor Escudero) quien lo rebautizo "Elorrio" y lo pintó la chimenea de negro, y así efectuó varios viajes, para amarrar finalmente con la baja internacional de los fletes. Las importaciones de trigo originadas por la deficiente cosecha de España hizo desamarrarlo para hacer un viaje de Baltimore a Gijón, en donde rindió con algunas averías, y en donde se vendió para ser desguazado en el puerto de Valencia como término de su carrera.
Estando en ese trance, preparando su viaje último, fue sorprendido fondeado en la Concha de Gijón por un tiempo durísimo del Noroeste, que le hizo perder las anclas y que le obligó a hacerse a la mar en condiciones precarias (sin ancla, con tripulación incompleta y diversas avería sin reparar debidamente). Intentó su capitán, Don Vicente Moreira Portilla, dar su viaje a Valencia; dobló el Cabo de Peñas , pero como consecuencia de una importante vía de agua, regresa a Santander como puerto de acceso fácil y tenedero seguro sin fondeo; así lo avisó por radio.
Pero estaba escrito que no llegaría nunca, y en la brevedad de un chubasco, sorprendido por un parón de la máquina a la altura de Cabo Mayor, ya entrando como quien dice , fue a estrellarse inerme, sin gobierno, donde la mar quiso, escogiendo diabolicamente lo mas difícil, inhóspito e incomunicado del vecino litoral,al este de abra.
La mar se lo fue llevando durante cinco larguísimas horas a la vista impotente de todo el mundo, a los veinte tripulantes. Solo el engrasador( José Trillo) que se tiro al agua en los primeros momentos, consiguió llegar a las peñas, salvándose milagrosamente.



El sacrificio heroico del vecino de Langre don Ismael Hoz, dando su vida intentando salvar la de sus prójimos, es como el remate y el símbolo del arrojo y la abnegacion de todos los pueblos de esta costa, empeñados sin desmayo durante siglos en la tarea nobilísima de disputar victimas a la mar, invierno tras invierno.
Con este monumento honraron los vecinos de Langre a su héroe Ismael Hoz.

1 comentario:

Enrique Fuentes dijo...

Yo conocí a alguno de los que participaron en el socorro al barco y les oí contar lo que les supiso la tragedia.