viernes, 6 de noviembre de 2009

El Concello de Fisterra y la cofradía de pescadores homenajearan a los desaparecidos del "BONITO"





El Concello de Fisterra y la cofradía de pescadores están contactando con las familias de los once pescadores de la localidad que desaparecieron hace 50 años en el naufragio del Bonito, un barco que se dedicaba a la pesca de la merluza y del que no se encontró ni rastro.
El homenaje será los días 17 y 18 de enero del próximo año, ya que en esas fechas se cumplirá medio siglo del accidente que casi todos los vecinos recuerdan. La asociación Asoar-Armega ya anunció hace unos meses su intención de recordar a los desaparecidos, dos de los cuales eran familiares del presidente de la entidad Ernesto Rivera Calo.
Los actos consistirán en un funeral y el descubrimiento de una placa, porque las viudas, muchas de las cuales aún viven, no tienen ningún lugar en el que llorar a sus maridos. También están vivos la mayor parte de los hijos y de los hermanos de las personas cuyos cuerpos están perdidos desde hace 50 años


jueves, 5 de noviembre de 2009

LLEGADA AL MAR



Cuando salí de ti, a mí mismo
me prometí que volvería.
Y he vuelto. Quiebro con mis piernas
tu serena cristalería.


Es como ahondar en los principios,
como embriagarse con la vida,
como sentir crecer muy hondo
un árbol de hojas amarillas
y enloquecer con el sabor
de sus frutas más encendidas.


Como sentirse con las manos
en flor, palpando la alegría.
Como escuchar el grave acorde
de la resaca y de la brisa.


Cuando salí de ti, a mí mismo
me prometí que volvería.
Era en otoño, y en otoño
llego, otra vez, a tus orillas.


( De entre tus ondas el otoño
nace más bello cada día. )


Y ahora que yo pensaba en ti
constantemente, que creía...


( Las montañas que te rodean
tienen hogueras encendidas.)
Y ahora que yo quería hablarte,
saturarme de tu alegría...


( Eres un pájaro de niebla
que picotea mis mejillas. )


Y ahora que yo quería darte
toda mi sangre, que quería...


(Qué bello, mar, morir en ti
cuando no pueda con mi vida.)
José Hierro

martes, 20 de octubre de 2009

25 Años despues de la desaparición del Montrove


Se cumplieron este verano veinticinco años de uno de los sucesos más trágicos y enigmáticos de la historia de la navegación: la desaparición del congelador gallego Montrove en aguas del banco canario-saharaui. El Montrove partió del puerto de Las Palmas el 19 de julio de 1984, con catorce tripulantes gallegos y dos marroquíes a bordo, y con los tanques llenos de combustible para una larga marea de dos meses. El tiempo era bueno y los barcos que lo avistaron, como el Borneira, no notaron nada extraño. El último contacto visual confirmado fue con otro pesquero, el Mar Rojo, ese mismo día y al sur de Gando, la pequeña península de la isla de Gran Canaria donde se ubica el aeropuerto homónimo. El Mar Rojo, que navegaba a mayor velocidad, lo dejó atrás por la aleta de babor. Desde entonces, nadie más vio al Montrove ni supo de él. La pieza de repuesto que llevaba para el Porlamar no llegó a entregarse. La radiobaliza con la que iba equipado no se disparó, y el nerviosismo comenzó a cundir entre las familias cuando el 10 de agosto, a raíz del hundimiento en la misma zona del sardinero onubense Islamar III, los intentos de contactar con el barco, que llevaba veinte días sin dar señales de vida, resultaron infructuosos. El Montrove había desaparecido. Para siempre. Pocas veces el mar ha sido tan cruel y determinante. No se encontró un solo cadáver, un solo vestigio, un mísero salvavidas a la deriva que diera pie a una desesperada explicación, por frágil que fuera, para semejante desgracia. Por no dejar, el Montrove no dejó siquiera un rastro de gasoil, la sangre de los naufragios modernos. Nada. Trescientos barcos y aviones de la Fuerza Aérea rastrearon la zona durante meses, sin éxito. La Moncloa, ocupada entonces por Felipe González, ordenó una investigación exhaustiva en medio de intensos rumores, que después se revelarían infundados, sobre un posible secuestro del Frente Polisario o la implicación del barco en actividades ilegales. Agentes del CESID se desplazaron a varios países africanos, e incluso, un año después, según algunas fuentes periodísticas, veraneaban en Bueu, la localidad de donde era la mayoría de la tripulación, a la búsqueda de pistas que nunca hallaron. El programa Onda Pesquera, en un ejercicio de delirio informativo, llegó a asegurar que el Montrove había estado cargando armas en unas grutas próximas al puerto argelino de Beni Saf, y algunas viudas, en una muestra de desesperación que hizo las delicias del periodismo mágico madrileño, se aferraron a las visiones de las meigas, que situaban al barco "en una isla grande, con negros". Fue también célebre, tras meses de búsqueda, la pregunta de un alto cargo de la Administración central a los familiares, sobre si el Montrove era "de hierro o de madera". Meigas, tristeza y soledad. Eso fue lo único que dejó tras de sí el Montrove. Veinticinco años después, los augures esotéricos han caído en el olvido, pero la tristeza y la soledad, y el desconcierto que acompaña a toda tragedia inexplicada, continúan latentes a pesar del tiempo transcurrido.


Fuente: El Faro De Vigo

lunes, 5 de octubre de 2009

LA TUMBA DEL MARINERO

Esta es la letra de una antigua canción alemana que nos ha enviado desde Mallorca Almudena, seguidora y amiga de este bloc, y gran enamorada de la mar.


"En la tumba del marinero
nunca florecen las rosas,

Son su única plegaria

las alas de las gaviotas,

y solo tiene por lápida

las lágrimas de su amada

que por su regreso llora.

En la tumba del marinero
solo florece la aurora."